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Pasorapa sufre sequía y otras regiones se inundan
OPINIÓN.COM.BO.- En Pasorapilla, en la zona central de Pasorapa y en Tabacal el maíz no supera los 30 centímetros, cuando en esta época las plantas deberían estar por el metro de altura. En algunos terrenos, las plantas no han germinado. En parcelas menores a la media hectárea existe algo de producción de quienes aprovecharon las primeras lluvias de noviembre.
“Antes comíamos choclo en Carnaval”, comenta el concejal César Honor. En toda su vida no había visto tanta sequía. Casi todos los cultivos son a secano.
“Ya no se siembra trigo, papa, ni tomate porque se pierde”, agrega Honor.
“Cambio climático” y “sequía” son términos comunes en las conversaciones. Los comunarios están conscientes de que el calentamiento global está golpeando a su pueblo porque “cada año es peor”.
La Alcaldía maneja un registro de lluvias y la última de tres llegó hace unas tres semanas.
Hace un par de días hubo llovizna en la zona central de Pasorapa. “Sólo ha apagado el polvo”, comenta una mujer.
La humedad permitió que las plantaciones de maíz, en su poco desarrollo, reverdecieran. Pero, cerca al mediodía, los rayos del Sol volvieron a marchitar las hojas y parecían “plantas de cebolla”. En otras zonas, las hojas están amarillas y secas. Hace tres semanas Pasorapa declaró emergencia por la sequía.
ECONOMÍA Pasorapa es la capital ganadera de Cochabamba. Sus pobladores se dedican a la crianza de ganado criollo, que es su prioridad y sus cosechas son principalmente para forraje.
A causa de la sequía, el año 2010 Pasorapa registró la muerte de alrededor de 1.500 cabezas de ganado, significando aquello una pérdida de 3 millones de bolivianos. Cada cabeza de ganado tiene un valor de 2 mil bolivianos.
El oficial mayor de la Alcaldía de Pasorapa, Jaime Mendieta, manifiesta que aquel año la ayuda que recibieron de las autoridades fue de agua en carros cisterna y dos camiones de forraje que para entregar “apenas a dos kilos de forraje a cada productor”.
“Por eso la gente ya no confía en que las autoridades puedan ayudarnos”, expresa Mendieta, refiriéndose a los gobernantes departamentales y nacionales.
La alcaldesa de Pasorapa, Cintia Ávila, informa que en su municipio hay actualmente alrededor de 30 mil cabezas. “Un 80 por ciento está en riesgo”, calcula, agregando que, en promedio, cada familia vende anualmente cinco cabezas. Cada año producen 8 mil cabezas para Sucre y Punata.
En esta época, el ganado está en el monte alimentándose. Hay poca agua en las vertientes y se evidencia que las vacas están “flacas”. Por eso, los pobladores temen que si no caen las lluvias, los animales mueran.
Cuando pasa la época de lluvias, la “chala” (hojas del maíz) sirve de forraje para las vacas, es su alimento. Pero, si no hay forraje ni agua, pueden morir de hambre y de sed.
Los comunarios de la zona ya piensan en alternativas como el alimento que se prepara con el fruto seco del algarrobo triturado y mezclado con harina de maíz. Pero al no haber lluvia, la preocupación persiste.
En Pasorapa no existen otras actividades ni empresas.
Los ríos Grande y Mizque, que circundan al municipio, están a unos 30 kilómetros de las comunidades más afectadas y también están con bajos niveles.
Evangélicos y católicos ruegan que llueva pronto
Acostumbrados a atender sus potreros o siembras, los comunarios se levantaron temprano, pero esa vez para apelar a la fe y dirigirse caminando, encabezados por el párroco, al cerro de la Cruz para lo que ellos denominan una “rogativa”.
El cerro ubicado al lado Norte del centro poblado expone una cruz que es visible desde distintos lugares. Es la zona donde los católicos del pueblo acostumbran ir en la viacrucis de Semana Santa.
En una acción similar, emprendieron el camino rezando y pidiendo “lluvia”.
En la cima del cerro se realizó una celebración en la que los comunarios ofrecieron su caminata por la vía empinada y pidieron que les llegue agua para salvar parte de sus cosechas, principalmente que haya forraje para su ganado.
No todos los habitantes de Pasorapa son católicos, pero quienes se identifican como evangélicos también se unieron en su templo con oraciones y plegarias pidiendo lluvia para los campos.
Los pasorapeños expresan preocupación y no comprenden cómo en un municipio aledaño como Omereque la situación sea diferente.
Productores temen perder su inversión en semillas
Los productores de maíz temen no podåer recuperar siquiera la inversión que hicieron en las siembras, que van desde los 2 mil bolivianos.
Cándido Salazar cultiva maíz en la zona de Tabacal. Él explicó que fue necesario contratar un tractor para la siembra por lo menos por 10 horas y que por cada hora se paga más de 100 bolivianos. El trabajo implica arado y sembrado. Pero la semilla también cuesta. Hace un mes compró cada arroba de semilla de maíz en 45 bolivianos.
Entre otros gastos, a esto se suma la preocupación de no poder recuperar por lo menos la mitad de la cosecha, con buena lluvia, para tener forraje para su ganado.
Otra familia también de apellido Salazar tiene en total 12 hectáreas de cultivo de maíz, que no ha desarrollado, y 80 cabezas de ganado. Al igual que otros tienen cultivos y la vida de su ganado en riesgo.
Pasorapa es un valle seco, al que denominan “Chaco kochala” que tiene 33 comunidades, de las cuales cuatro son las que sufren mayores problemas por la falta de agua.
Las autoridades informaron que en el municipio estarían afectados en un 75 por ciento y sólo en la zona central más del 90 por ciento.
En los años recientes las aguas de las vertientes han ido desapareciendo.
La comunidad de Quinori ha logrado el financiamiento belga de 1,5 millones de dólares para un proyecto de riego a ejecutarse en cinco años.

